En su intervención en la apertura de un panel organizado por las misiones permanentes de Marruecos y los Países Bajos al margen de la 58ª sesión del Consejo de Derechos Humanos, Zniber subrayó que Marruecos es una tierra de diversidad y tolerancia, caracterizada por la coexistencia armoniosa de religiones monoteístas, donde musulmanes, judíos y cristianos han vivido en paz durante siglos.
Esta diversidad está arraigada en la historia y la identidad nacional del Reino, y varias ciudades son testimonio de la coexistencia interconfesional, hasta el punto de que se construyen codo con codo lugares de culto pertenecientes a dos o incluso tres religiones, señaló.
El diplomático recordó que Marruecos alberga una de las comunidades judías más antiguas del mundo árabe, y señaló que ciudades como Fez, Marrakech, Esauira y Casablanca han conservado barrios judíos, conocidos como melahs, que dan testimonio de esta coexistencia.
En este contexto, el embajador destacó la importancia de la institución de Amir Al Muminin (Comendador de los Creyentes), símbolo de la unidad de la nación y garante del libre ejercicio de la religión, recordando el papel del difunto SM Mohammed V en la protección de los judíos contra la deportación durante la Segunda Guerra Mundial.
Marruecos ha sido siempre un ferviente defensor de la tolerancia y del diálogo interreligioso e intercultural, añadió, señalando que el Reino suscribe plenamente estos principios y sigue comprometido con el refuerzo de la cooperación internacional para promover un mundo en el que la diversidad sea una riqueza y la tolerancia un valor compartido.
Este panel, que reunió a varios diplomáticos y miembros de la sociedad civil, tenía como objetivo pasar revista a las buenas prácticas marroquíes y holandesas y los ejemplos positivos de cómo los dirigentes/organizaciones desempeñan un papel esencial en la lucha contra el odio religioso.
Comentarios
0